viernes, 31 de enero de 2020

Majadahonda, ciudad de acogida

Continúo con la última entrada para terminar la relación de noticias que entresaqué en la lectura de la prensa local y que quedó a medias, un poco por no extenderme demasiado y un poco por falta de tiempo. Así que, sin más demora y antes de que termine enero, intentaré completar la tarea de forma breve y lo más ligera posible, no vaya a ser que me pille el toro con la avalancha de buenas nuevas que nos esperan en los próximos meses. Voy a ello.

Del número 57 de Majariegos informados restaban, además del repaso al Pleno de diciembre, dos temas que me habían parecido interesantes y que en cierto modo estaban relacionados con el primero; ambos aparecen en la página 4. Uno de ellos es la decisión del Consistorio de ceder temporalmente pisos de emergencia para solicitantes de asilo y refugio, conforme al protocolo firmado entre nuestro alcalde, José Luis Álvarez Ustarroz, y el de la capital, José Luis Martínez Almeida que, aparte de unirles un mismo nombre bautismal, comparten la misma generación e idéntica orientación política. Gracias a este acuerdo, Majadahonda cede para estos casos diez alojamientos. Lo que no queda claro es desde cuándo, porque tal como está redactada la noticia parece que se refiere a estas fechas y una vez que esas viviendas hayan sido acondicionadas. Si fuera así, con la prisa que se dan en este pueblo para hacer cualquier cosa, lo mismo están listas para las próximas navidades. De todas formas, no hay que restar mérito a nuestro ofrecimiento si tenemos en cuenta que en virtud de ese acuerdo con Madrid, Pozuelo y Las Rozas, Majadahonda ofrece 10 de las 20 viviendas puestas a disposición en ese protocolo, lo que dice mucho a favor de la localidad menos poblada de las cuatro (la nuestra) y da idea de la racanería de las otras dos, que suman la otra mitad del total. En cualquier caso, una cifra que en absoluto está acorde con el número de habitantes de estas ciudades y con el espíritu solidario y generoso que esta región siempre ha demostrado.


Los alcaldes firmantes junto al delegado de Familias, Igualdad y Bienestar Social, el 21 de diciembre de 2019 (EFE)


Entroncando con ese encarte, en la columna lateral de la misma página se expone con más detalle la moción del grupo socialista para que las 18 viviendas gestionadas por PAMMASA (Patrimonio Municipal de Majadahonda) que actualmente se encuentran vacías sean puestas a disposición de vecinos que estén pasando una situación económica y social de emergencia.

El otro tema merece mi atención se esconde bajo en titular Majadahonda prepara un gran plan de encolegios de más de 1,5 millones” que completa la cuarta página y que choca frontalmente con la desestimación de la moción presentada en el Pleno por el grupo Ciudadanos a este respecto. Uno se queda bastante perplejo, máxime cuando después de leer el contenido que sigue al encabezamiento deduce que se trata prácticamente de lo mismo que fue rechazado: un programa de actuación para acometer obras en las guarderías y colegios y públicos con el fin de mejorar sus instalaciones. Da la sensación de que el Equipo de Gobierno se encarga de tumbar las mociones razonables en el caso de que no hayan sido presentadas por sus respectivos grupos políticos. De cualquier forma yo soy bastante escéptico con este anuncio porque eso que dice el regidor majariego de que se ha reunido varias veces con los directores de los centros para hacer un inventario de sus necesidades, de que se van a acometer las obras con la máxima prioridad, de que se va a hacer un gran contrato para mejorar la conservación y el mantenimiento de los edificios, y cosas por el estilo ya estamos hartos de escucharlo a principios de cada legislatura sin que después de haya traducido en resultados en ninguna de ellas


Un aula de la Escuela Infantil Tamaral en octubre de 2017 (Majadahonda Magazin)



El otro periódico local que he tenido ocasión de hojear ha sido el número 19 de Soy de… Majadahonda, al que también hemos hecho mención alguna vez. Como en el caso anterior, ese ejemplar corresponde al mes de enero y trata también algunas de las informaciones relativas a la modificación de las Ordenanzas Fiscales, al ofrecimiento de cobijo para refugiados y a la moción rechazada para reformar los colegios públicos, ya comentadas anteriormente. Pero, además, se ocupa de temas distintos aunque en alguno de ellos se muestren las mismas contradicciones a las que hacíamos antes referencia.

En la página 2 se recoge la denuncia que hace el PSOE sobre la escasez de policías locales y su preocupación ante la oleada de robos perpetrados en el centro de Majadahonda, situación que contrasta con la imagen que -según dice este grupo municipal- el alcalde quiere dar afirmando que siguen disminuyendo los índices delictivos en nuestra ciudad. Dos páginas más adelante, en el recuadro inferior, se incluye la noticia de que el alcalde anuncia 10 plazas nuevas para la Policía Local. ¿Otra vez el juego del ratón y el gato? Parece como si ante cualquier situación comprometida, el Ayuntamiento se saque una respuesta de la chistera que aplaque o tranquilice a la oposición, tratando de desmentir o aminorar la gravedad del asunto. Y digo yo: ¿no sería más fácil anticiparse a que esos problemas de pongan de manifiesto?

El resto de noticias se reducen a un tema menor como es la colocación de placas con los nombres de las calles en “Los Satélites”, aunque pueda entender que para quienes vivan por ese barrio sea de fundamental importancia, y un tema mucho más serio como son las explicaciones que Ciudadanos pidió en el pleno del pasado 27 de diciembre por invitación de la Concejalía de Familia (recordemos que está a cargo de un edil de Vox) a que el controvertido escritor Pío Moa diera una charla en una “actividad familiar”. Hecho tan grave e injustificable que prefiero no entrar a comentar hasta que no disponga de más información.


Página 4 del nº 19 del periódico local  Soy de Majadahonda, nº 19 (enero 2020)



jueves, 30 de enero de 2020

Pasar página

Parece que la Concejalía de Festejos ha caído en la cuenta de que ya va siendo hora de eliminar los vestigios que quedaban de las fiestas navideñas y pasar página de una vez. Lo digo porque, por fin, ya se han quitado los postes y cables que servían de sustento a la iluminación ornamental de la Gran Vía y, salvo alguna excepción, ya nada queda en las calles que recuerde a la pasada Navidad. Cuando digo alguna excepción me refiero concretamente a la parte de los soportales de la Plaza Mayor que ocupaba el Belén municipal de gran altura y que, aunque éste ya ha sido desmontado y dentro de ese recinto no queda nada, sigue cerrado con sus cristaleras de las que llevan varios días colgando unos papelotes a medio caerse que da una sensación de abandono y dejadez impresentable a las puertas de nuestro Ayuntamiento, pareciendo que los estragos del reciente terremoto del este de Turquía han llegado hasta aquí.


Cierre del Belén municipal en la Plaza Mayor

Yo también he de reconocer que ya es hora de dejar de dar la matraca con este tema que me ha ocupado las últimas entradas, y pienso que ya está bien de tantear la paciencia de los lectores con el mismo rollo que, además de aburrir, puede hacerles creer que tengo una fijación enfermiza con las secuelas navideñas. Dado que mi intención era solo poner de relieve la lentitud con que en este pueblo se hacen las cosas más sencillas -de las complicadas, mejor no hablar de momento-, y que creo que esta cuestión ha quedado suficientemente documentada, doy el tema por cerrado.

Por suerte o desgracia Majadahonda siempre da motivos para hablar de sus cosas, y no hay que temer quedarse sin inspiración en algún momento porque siempre hay material interesante. No hace falta ir a la búsqueda de argumentos ni hacer pesquisas innecesarias: las noticias llegan solas sin otro trabajo que hojear la prensa local, leer el boletín municipal -que, la verdad sea dicha, cada vez exige más fuerza de voluntad- o simplemente darse una vuelta por el pueblo. Esto último no es tan fácil para las personas que trabajamos y que tenemos que dejar los paseos para los días de descanso o cuando aprovechamos algún hueco entre las horas de dejada y recogida de nuestros hijos en sus actividades extraescolares. Pero en esta época esas tareas coinciden con la tarde-noche, en horas de escasa luz, con lo que se pierden muchos detalles por mucho que uno ponga la mayor atención. Además, con las prisas que se hacen estos traslados y las interrupciones continuas de las llamadas al móvil de tu esposa o de los hijos mayores apenas te queda tiempo ni ganas de pasear, de modo que prefiero usar la otra opción y quedarme los escasos minutos que tengo libres de tensión en las zona de espera de los centros donde doman temporalmente a mis vástagos, echando un vistazo a los periódicos que hay a mano para ponerme al día.

Y así, pasando páginas, encuentro que en el número 57 de Majariegos informados, publicación mensual que ya hemos comentado en más de una ocasión, se incluyen tres informaciones de interés. La página 2 se ocupa casi por completo de los temas debatidos en el último pleno del año pasado, en especial en la aprobación Pleno del Plan Estratégico de Subvenciones del Área de Educación que da título al artículo, que salió adelante gracias a los votos a favor de los partidos que gobiernan el municipio. Según defendió la concejala del área, María José Montón, el plan incluye tres vías de apoyo: una dirigida a las familias, otra a la dinamización artística, y la tercera a servicios complementarios. Sin embargo, la oposición criticó que se hubieran suprimido las becas de comedor, a lo que la misma concejala respondió que “eso no significa que a los alumnos con necesidades especiales no se les garantice la cobertura del coste de comedor”. ¿En qué quedamos? ¿Se quitan o no? Si alguien lo entiende que, por favor, me lo explique.

El grupo socialista puso de manifiesto que siguen existiendo muchas deficiencias en los colegios públicos y escuelas infantiles y denunció que se siguen realizando recortes sistemáticos en la educación pública, comparando el presupuesto anual  destinado al mantenimiento de los colegios (78.000 €) en comparación con el gasto que ha supuesto la iluminación (170.000 €). Si esas cifras son ciertas, es realmente preocupante que en nuestro pueblo, aparte de lo irrisorio en sí de la partida asignada a conservar los edificios –la mayoría con más de un cuarto de siglo cumplido y con bastantes deficiencias- donde nuestros hijos pasan un tercio de su jornada, se destine más del doble en fruslerías tan efímeras e innecesarias como puede ser la iluminación de Navidad, por muy bonitas y espectaculares que hayan sido sus luces.

El otro punto fuerte del Pleno se centró en las Ordenanzas Fiscales de Impuestos para 2020 defendidas por el concejal de Hacienda, Ángel Alonso, quien de un plumazo desestimó todas las alegaciones presentadas por otros grupos políticos y por la Asociación de Vecinos de Majadahonda. Como era de esperar, las modificaciones propuestas por PP y Vox para estas ordenanzas se aprobaron definitivamente con sus propios votos, lo que entre otras cosas significará unos descuentos importantes para los integrantes de las familias numerosas que quieran participar en las actividades municipales, y una significativa bonificación para las estas familias en los impuestos locales.



Fotograma de la película española 'La familia y uno más' (Fernando Palacios, 1965)

Finalmente, se aprobó por unanimidad la moción presentada por el grupo socialista para que las viviendas de PAMMASA que se encuentren vacías en la actualidad, se adjudiquen urgentemente a casos de emergencia social.

Al lado de esta noticia, y en la misma página, se ha reservado el espacio de una estrecha columna para incluir una carta del Alcalde José Luis Álvarez Ustarroz en la que desea un feliz año a todos los lectores, y de paso aprovecha para hablar de lo de siempre: las energías renovadas, los retos a los que nos enfrentamos, los compromisos adquiridos, y el “ambicioso plan de reformas, obras, proyectos e inversiones en los que estamos trabajando desde el primer día y que en este año confío en que podremos visibilizarlo”. Yo le sugeriría a nuestro regidor que si no quiere que los vecinos acaben por convencerse que lo que dice es más de lo mismo con lo que ya nos han engañado en las anteriores legislaturas, debería ser más concreto y, en vez de cacarear la misma cantinela que ya conocemos, hacer público a través de estos medios los objetivos que cubre su programa electoral y las fechas previstas para que cada una de esas obras, proyectos e inversiones se plasmen en realidad. Concretando se entiende la gente y es la única forma de saber si se cumplen las promesas y sus planificaciones. Todo lo demás suelen ser palabras que se lleva el viento y que, como mucho, acaban en agua de borrajas.


sábado, 25 de enero de 2020

Un poco más, y no lo cuento

Que nadie se alarme. No me ha pasado nada importante ni digno de reseñar, ni mucho menos he sufrido un episodio que pusiera en riesgo mi integridad como alguien pueda deducir del título que encabeza este post. No tiene nada que ver con eso sino con una cuestión baladí relacionada con la retirada de las luces de Navidad a la que me refería en la entrada anterior y que ahora voy a explicar.

Supongo que será pura casualidad pero justo al día siguiente de decir que esos adornos seguían colgados en la Gran Vía empezaron a desmontarlos. Y digo que será casualidad porque no creo que mis comentarios hayan influido de modo alguno en la decisión de retirarlos; es más, no creo ni siquiera que los hayan leído. Y si fuera de otro modo, es decir, si por alguna remota carambola alguien del Ayuntamiento que tenga algo que ver con el asunto hubiera tenido ocasión de echar un vistazo a este blog y se hubiera detenido en esa entrada, tampoco creo que fuera tenido en cuenta porque lamentablemente en nuestro pueblo se hace muy poco caso a las críticas, avisos o sugerencias vecinales.

El caso es que, sea por el motivo que sea, las luces las descolgaron de sus cables en poco más de una mañana. Lo hicieron dos operarios y una camioneta con una góndola hidráulica: uno, subido en la cesta, iba cortando con una tenaza los latiguillos que sujetaban los círculos luminosos a los cables donde se soportaban, mientras el otro se encargaba de recogerlos y almacenarlos en un lado de la caja. Y así una hilera tras otra, de un extremo a otro de la vía peatonal. Total que en unas 4 o 5 horas terminaron con la tarea.







Al día siguiente, a media mañana ya habían desmontado el armazón metálico que hacía de abeto navideño con todos sus complementos incluyendo el vallado de rollizos que hacía de vallado, y habían dejado la zona tan limpia que nadie diría que aquel armatoste había estado allí durante varias semanas.

Aclarado, pues, el significado del título que no quiere decir otra cosa que si tardo un día más en decidirme a hablar de ese tema se me hubiera esfumado la posibilidad. Cosa que, por otra parte, de haber sucedido de esa manera tampoco habría tenido la menor importancia.

No obstante, la aparente sencillez del trabajo y la rapidez con que se hacía me lleva a preguntarme, aun si cabe con mayor insistencia, por qué se ha retrasado tanto en hacerlo y no se ha acometido con la misma presteza que los servicios de limpieza dejaron la Gran Vía impecable inmediatamente después de la Cabalgata de Reyes en un alarde de diligencia y eficacia. No digo yo que se hubieran puesto a quitar las luces esa misma noche, que no hay tanta necesidad; pero hacerlo pasados quince días después me parece un poco desmedido.

Lo que sí me deja un poco preocupado es el riesgo que los ciudadanos corren cuando se realizan esos trabajos. Afortunadamente casi nunca pasa nada pero durante el tiempo en que pude observar cómo se desarrollaban las operaciones de desmontaje de esos artilugios, la gente pasaba por debajo como si tal cosa, expuestos a que por cualquier descuido un cacharro lleno de lucecitas le cayera en la cabeza y le hiciera ver estrellitas de colores. O una herramienta; o, puestos a elucubrar, hasta la cesta entera con el operario dentro. Ni un cartel, ni el más mínimo balizamiento ni señalización ni nada de nada. Una arriesgada manera de ejecutar esas operaciones a las bravas, sin ajustarse a las recomendaciones u obligaciones de la normativa de seguridad. Una forma admirable de tentar a la suerte.

En este sentido también hay que decir que aún quedan en la calle los postes metálicos y los cables y tensores que sirven para sujetarlos y para colgar las guirnaldas de luces. A esos no sabemos cuando les tocará la hora, de modo que lo mismo seguirán acompañándonos uno cuantos días más. Me pregunto cuál será la razón de no hacer todas estas operaciones al mismo tiempo, lo que evitaría tener que causar más molestias a los vecinos y sobre todo volver a crear situaciones de riesgo. Por cierto, si quieren ver un manual completo de cómo no se deben hacer las cosas, pásense por la Gran Vía y vean cómo y dónde están amarrados los vientos y latiguillos: árboles, cornisas, fachadas, barandillas y cualquier elemento susceptible de admitir enganche son las víctimas de todo un compendio de soluciones erróneas que han dado disgustos más de una vez. Otra ingeniosa manera de seguir tentando a la suerte. Y de dar pie a reclamaciones patrimoniales.



martes, 21 de enero de 2020

Si no son buenas, que sean largas

Esa idea debe de estar rondando en las mentes de los próceres municipales a la vista del poco tirón que han tenido las fiestas navideñas en el propio municipio y del escaso interés que han despertado allende nuestro pueblo, pese al rimbombante título que habíamos obtenido de Ciudad Europea de la Navidad. “Si no han tenido un carácter intenso, al menos que sean duraderas”, habrán pensado. Eso explica que a día de hoy, dos semanas después de que los Reyes hicieran su recorrido por las calles majariegas, aún no se hayan retirado las luces que cuelgan en la Gran Vía ni el artilugio metálico que hace las veces de abeto de Navidad.


Árbol y luces de Navidad en la Gran Vía

Ahora que pienso, tal vez haya utilizado un adjetivo equivocado y en vez de intensas debería haber escogido otro. Lo digo por el volumen de las tres piezas musicales de corte anglosajón que acompañaban al juego de luces de los rosetones colgados en la Gran Vía. Eso realmente sí que era intenso. Intenso y abrumador en tal nivel que, según me confesaba un vecino que vive en esa calle, había recuperado unas orejeras invernales que le había regalado su hijo para abrigarse del frio, con el fin de colocárselas en cada ocasión que daba comienzo la función audiovisual en la que se repetían una tras otra con la misma secuencia, y una y otra vez coincidiendo con las medias horas de la cada tarde-noche. El hombre me confesaba que había tenido la tentación de mudarse de lugar hasta que pasaran las fiestas porque era insoportable el ruido que tenía que soportar todas las tardes, y que según él rebasaba sobradamente los límites de decibelios tolerados por la ordenanza.

Lástima que la vida cotidiana tenga que ajustarse a los dictados del calendario y que la última Navidad haya pasado a la historia. Porque por mucho que se empeñen nuestros mandatarios locales, la vida sigue su ritmo y ya nadie va cantando villancicos por la calle sino que ahora está obsesionado con la cuesta de enero y dándole vueltas a cómo va a afrontar el pago de los gastos que ha cargado -de forma muchas veces inconsciente- en su tarjeta de crédito.

Quizás sea solo obsesión mía pero tengo la impresión de que la tardanza en retirar la parafernalia navideña es un síntoma más del retraso que nuestra ciudad mantiene con respecto a las localidades cercanas. Así, cuando en otros pueblos ya se han recogido los bártulos y  se ha recobrado la normalidad, en Majadahonda perduran hasta quien sabe cuándo. Y no es que esto sea una cosa anormal sino que ya se está convirtiendo en una costumbre. Lo mismo pasó con la iluminación de las fiestas patronales: tardaron tanto en retirarlas que yo llegué a pensar que las iban a dejar hasta diciembre y así tener que ahorrarse el trabajo de volver a colocarlas.

Lo que sí se han llevado, gracias a Dios, son esos monstruosos altavoces que sonaban a todo volumen y que más bien parecían ataúdes colgados y enfundados en plástico. Debían de ser muy valiosos porque si no, no se entiende la premura en recogerlos. Afortunadamente, el hecho de que ya no estén significa que al menos hayamos ganado en la tranquilidad y sosiego que supone la certeza de que no se van a poner a berrear en el momento más inesperado.


Altavoces para la música navideña a alto volumen

A la vista de lo que cuesta quitar los adornos navideños, trabajo que debe de dar mucha pereza, sería bueno pensar algún motivo para no tener que hacerlo. Se me ocurre, por ejemplo, declarar más fiestas intermedias a lo largo del año; pongamos una cada mes, con lo cual tendría una justificación que las luces permanecieran colgadas siempre y lo único que habría que hacer sería cambiar los rótulos de cabecera y algún color que otro, por eso de no caer en la monotonía. Aunque, si tenemos en cuenta que estamos en la era de la realidad virtual y la facilidad que nos brindan los avances tecnológicos, mejor solución sería desarrollar una aplicación informática que permitiera convertir las luces de las farolas en efectos lumínicos virtuales adecuados para cada evento. ¡Eso sí que sería la bomba!




lunes, 13 de enero de 2020

El bluf de un eslogan

Ahora que las fiestas ya han pasado y que hemos podido comprobar la magnífica y completa programación de actividades que los encargados de esa tarea han elaborado para nuestra municipio, podemos decir con total conocimiento de causa y la más categórica afirmación que el eslogan  que nos habían adjudicado (previo pago de 3.000 € al organismo que otorga ese título, en concepto de modesta cuota de inscripción) de Majadahonda, Ciudad Europea de la Navidad 2019’ es un auténtico bluf. Como decía en una entrega anterior reciente, aunque tuviera mis sospechas en ese sentido no quería precipitarme a hacer un valoración definitiva sin tener la absoluta certeza de que las navidades en nuestro pueblo no hubieran tenido una significancia especial que nos hiciera merecedores de ese reconocimiento, no fuera a ser que bajo la apariencia de ese pobre programa -que desgranábamos tan pronto  tuvimos la ocasión de analizarlo- se escondiera alguna mayúscula sorpresa de esas que tanto gusta pregonar a nuestro Concejal de Festejos y nos hiciera cambiar de opinión. No ha sido así. Y ahora que de las fiestas apenas solo quedan sus últimos estertores (léase una estructura metálica de forma cónica en la plaza de Colón y unos círculos de luces que no lucen colgados por la Gran Vía), podemos confirmar que nuestros temores eran ciertos y que se han corroborado esos recelos y ratificado nuestros presentimientos.

Todo esto no habría tenido mayor importancia si ese titulillo de farsa no hubiera salido a la luz y se hiciera de él tanto uso mediático, porque a las cutres celebraciones navideñas en este pueblo ya nos habíamos acostumbrado –como también lo hemos hecho a otras carencias más importantes- sus habitantes. A mí, particularmente, me daría igual que las actividades programadas por el Ayuntamiento para estas fechas sean más o menos espectaculares si no fuera porque a mis hijos, como a toda la población de corta edad, les hace mucha ilusión estas fiestas y las viven con auténtica pasión y mucha expectación por toda la simbología que tienen no solo en el aspecto religioso y tradicional sino también en el otros mucho más prácticos y beneficiosos para ellos como son las vacaciones y los regalos. Y, al final, uno acaba contagiándose de ese furor navideño que viven los niños y termina montándose con ellos en el trenecito acarreando las bolsitas de regalo que dan a los peques (las de mis propios hijos y las de los amiguitos que les acompañan a mi cargo), guardando cola para que los Reyes les sienten en sus rodillas en sus tronos de los bajos de la Plaza Mayor, o soportando empujones y pisotones de otros padres en pleno éxtasis de la Cabalgata, suplicando para mis adentros que por favor no lancen caramelos recordando la extraordinaria puntería que demostró uno de los pajes de hace un par de años cuando un proyectil impactó directamente en mi ojo derecho.


El tren de la Navidad en la plaza de Colón

Quiero decir con esto que los majariegos nos hemos ido conformando con pocas cosas, así como a entender que el hecho de que nuestros festejos navideños sean sencillos y humildes entra dentro de lo comprensible, si tenemos en cuenta la racanería de nuestro Consistorio en todo lo que se refiere a la generosidad en la oferta de servicios y entretenimiento hacia sus paisanos. De modo que no hace falta sacar los pies del plato ostentando la consecución –con dudosas artimañas- de títulos o galardones tan falsos como innecesarios, sobre todo cuando al final no hay apenas diferencias que justifiquen esa distinción en comparación con lo realizado en años anteriores.

No obstante, creo que es de justicia reseñar algunos pequeños detalles a los que  sí hay que concederles el grado de novedosos. Uno de ellos es la piña que forma el Equipo de Gobierno a la hora de asistir a los actos representativos: van juntos casi todos ellos y en plan de buenos amigos, como si de una excursión del colegio se tratara. Eso vi yo, al menos el día en que se inauguraba el Belén Municipal y el encendido de luces, acontecimientos sobre los que aprovecho para hacer algunos comentarios.

Belén municipal en los soportales del Ayuntamiento

Sobre el primero, nada de particular salvo que en su bonito diseño no se ha tenido en cuenta que el portal y su misterio quedan a una altura demasiado alta para la gente de poca estatura, es decir, los niños y los ancianos, que son precisamente los que no pueden valerse por sí mismos para elevarse. Lo que conlleva a los padres a sostener en brazos a sus hijos para que puedas percibir la grandeza del Nacimiento…. hasta que se le agoten al fuerzas al porteador. Ese fue mi caso, que tuve que ir levantando sucesivamente a mis hijos pequeños y sus amiguitos de la misma edad, que estaban a mi cargo, durante más o menos un cuarto de hora y que me dejó con los brazos y los riñones agotados. Menos mal que mi padre, que también nos acompañaba, desistió de que también le izara, que si no… ¡Ah! Y otro apunte de menor importancia para mejorar en próximas ediciones: la transición entre el día y la noche es verdaderamente tajante e instantánea, nada parecida a la realidad, lo que se puede solucionar con un potenciómetro de intensidad automático de bajo coste.

Sobre el segundo, las luces de la Gran Vía, hay mucho que decir. Y no tanto por lo acertado de los motivos y los colores como por el acompañamiento. Este año –lo que también constituye una novedad- todas los días entre las seis de la tarde y las diez de la noche, coincidiendo con las medias, una algarabía de berridos musicales a todo volumen inundaban la paz navideña durante unos minutos para lanzar al aire tres canciones en inglés. (¡Como si no hubiera villancicos en castellano! Y bien bonitos, por cierto). El caso es que durante ese tiempo, las luces se sincronizaban con los aullidos que salían de unos enormes altavoces -nunca los había visto de ese tamaño en estos acontecimientos- encendiéndose y apagándose, yendo y viniendo de adelante para atrás y de un lado a otro, al son de la música. Un espectáculo curioso que todo el mundo quería inmortalizar grabándolo en sus móviles… una vez repuestos del primer susto.


Luces navideñas en la Gran Vía de  Majadahonda (ABC)

Y eso es lo que puedo decir que más me ha llamado la atención de estas fiestas. Bueno, eso y que la tarde del 14 de diciembre, fecha en que se dio el pistoletazo de salida, los asistentes fuimos obsequiados con un chocolate con churros recién cocinados en los soportales del Ayuntamiento. Todo un detalle que hemos de agradecer… a medias, porque cuando nos tocó el turno después de hacer una buena cola ya se había acabado el chocolate y casi no quedaban churros. Pero eso es lo de menos,  lo importante es la intención. De todas formas, mientras miraba a mi hijo pequeño como se relamía con su cucurucho no podía dejar de pensar: “¡Cómelo con gusto, hijo; que no te puedes hacer idea de lo que cuesta ese churro!”





lunes, 30 de diciembre de 2019

Pobres en Majadahonda

En estos días de derroche y desmadre colectivo en los que el gasto desmesurado en fiestas, comidas y regalos es la tónica común de la sociedad, hay quienes justo al lado nuestro no tienen ni para lo más necesario. Y en esto nuestro pueblo no es una excepción. Eso es, al menos, lo que dice la voz oficial del Ayuntamiento en la separata del boletín municipal dedicada al programa de las fiestas navideñas. Lo encontramos en las páginas finales destinadas a reseñar las actividades religiosas en la que hace hincapié en la ayudas a personas necesitadas.



Páginas 38 y 39 del programa de festejos navideños de Majadahonda

Yo no acabo de dilucidar si se debe a algún desliz informativo o es algo totalmente premeditado. Lo digo porque en esta ciudad en la que para su Equipo de Gobierno todo es color de rosa, en esta maravillosa y privilegiada población cuyo modelo pergeñado por sus sucesivos regidores en las últimas décadas es el paradigma del municipio moderno y próspero, admitir que existe gente sin hogar, personas menesterosas que precisan ayuda es algo como decir que aquí también hay pobreza.

Esto no es nada que nos deba sorprender porque aquí pobres ha habido siempre, aunque a nuestros gobernantes no les guste reconocerlo. Hay quien piensa que la irrupción de Vox como fuerza política en nuestro Consistorio y en el Equipo de Gobierno tiene mucho que ver con que se hable abiertamente de estas cosas. El problema de Vox es que para esa formación no todos los pobres son iguales: solo si son españoles de largo pedigrí y católicos confesos son considerados dignos de atención; al resto todo lo más que ofrecen es un billete de vuelta a su lugar de origen para dejen de sangrar a nuestro país. Una forma peculiar de entender el cristianismo.

En cualquier caso, esa es la realidad y es una situación que quizá se haya acentuado con la última crisis económica, pero que se lleva arrastrando desde hace mucho tiempo. A pesar de esa evidencia, que puede contrastarse con la información de Cáritas y la Cruz Roja –por citar dos organizaciones que conocen el problema de cerca y que pueden catalogarse de independientes al carecer de otros intereses que no sean la ayuda al necesitado- nuestro Ayuntamiento prefiere que la Iglesia resuelva esta espinosa cuestión mediante recolecta de ayuda o donativos de sus feligreses en lugar de involucrarse decididamente en atajar esta contrariedad mediante asignaciones presupuestarias acorde con sus ingresos y el supuesto poder adquisitivo de su población.

En el reciente informe DEC 2018, redactado elaborado por la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales, que analiza el grado de inversión en servicios sociales y promoción social de los  municipios españoles que superan los 20.000 habitantes y han presentado ante el Ministerio de Hacienda la liquidación de su presupuestos del año 2018, nuestro pueblo sigue ocupando un lugar distinguido dentro del pelotón de los torpes, es decir del grupo de los municipios que siguen siendo precarios en ese aspecto. Para ser justo, hay que decir que hemos avanzado algo ya que ese año se alcanzó la cifra de 49,54 € por habitante en lugar de los 41,05 € del 2017, lo que denota el considerable esfuerzo realizado por uno de los municipios más rico de España de acuerdo con la renta per cápita de sus habitantes.





Si nos atenemos a estos datos, no es de extrañar que tengan que ser los vecinos los que, además de contribuir a esas tareas de forma indirecta con sus impuestos, tengan que acudir al auxilio de los desheredados mediante su acción directa a través de las campañas navideñas. Lo que está muy bien desde el punto de vista de la caridad; pero yo me pregunto si esas personas solo comen en Navidad o lo tienen que hacer todo el año, en cuyo caso esas actividades deberían tener una vigencia permanente.

De todas formas no deja de ser vergonzoso que los responsables municipales, reconociendo esta situación, se desentiendan de ella recurriendo a la caridad ajena para resolver o paliar la penuria de los desfavorecidos a base de donativos, mientras a la Concejalía de Asuntos Sociales destina un presupuesto irrisorio para atender esas necesidades. Eso sí, nuestro modelo de ciudad no se toca aunque para ello tengamos que gastarnos verdaderas fortunas en poblar de flores las rotondas, medianas y parterres durante las cuatro estaciones del año.



domingo, 22 de diciembre de 2019

Majadahonda vive la Navidad

Me ocurre todos los años: casi sin dame cuenta me topo con la Navidad. Esta vez estaba ciertamente expectante por conocer si la programación que se había preparado para estas fiestas se correspondía con la prometedora mención que hacía nuestro alcalde José Luis Álvarez Ustarroz en el saludo del boletín municipal de diciembre, cosa que hacía con estas palabras:

“…Y por fin llega esa época familiar y festiva tan esperada por todos. Majadahonda, como ciudad de la Navidad que es en este año 2019, acogerá novedosas iniciativas, muy especialmente dirigidas a los niños y a las familias que viven estos días con especial ilusión…”

¡Madre mía! Se me había olvidado el magnífico honor que para nuestra ciudad significada el que hubiera recaído sobre ella el nombramiento, premio, reconocimiento o lo que quiera que eso de haber conseguido la extraordinaria distinción de ser considerada Ciudad Europea de la Navidad 2019, hecho que debería lógicamente estar acompañada de unos festejos dignos de ese merecimiento.´

Una forma de echar por tierra las sospechas que se exponían en estas mismas páginas, hace ahora un año, de que ese galardón no era una más que un montaje, pantomima o un bluf (llámese como se quiera), es acreditar el empeño en hacerse acreedora a ese título. Eso es lo que hizo Torrejón de Ardoz, ciudad sobre la que recayó esa distinción en 2018, que puso a disposición de oriundos y extraños un descomunal despliegue de actividades que atrajo a visitantes de otras latitudes, y que recibió elogios y parabienes de cuantos tuvieron ocasión de disfrutarlas.

Pues bien, echando un vistazo al programa que el Ayuntamiento ha editado como separata, expresamente para esta ocasión, no podemos menos que quedar desilusionados una vez más. Decepción que se hace más profunda cuando en la prensa local y comarcal apenas se encuentran menciones de relieve a nuestro pueblo. Por poner un ejemplo: el semanario Gente edición Noroeste, en su número especial del Puente de la Constitución (5 al 13 de diciembre) y en la cual nuestro pueblo figura en los subtítulos de cabecera junto a otros como Pozuelo, Las Rozas, Boadilla y Collado Villalba, Majadahonda no vuelve a aparecer mencionado. Ni siquiera en el artículo ‘Las mejores fiestas de los pueblos de Madrid’ (páginas 15 y 15) en el que se recogen 14 actividades ilustradas con fotografías programadas en varias localidades, pero que no incluye reseña alguna a nuestras fantásticas fiestas locales. ¡Una pena!

Pero, vayamos al grano y desgranemos la publicación con que nos ha obsequiado el Gobierno municipal, no vaya a ser que esas omisiones en los medios solo sean fruto de una conspiración contra nuestro enviado pueblo.



Portada del programa de actividades navideñas en Majadahonda


Lo primero con lo que uno se encuentra nada más voltear la portada es la foto de un belén a toda página en la que destaca la imponente presencia de un niño Jesús que parece gigante al lado de sus padres, tan imponente que da la sensación de que se va a salir de la imagen para darte una patada en las narices.  No sé por qué se ha tomado la foto tan cerca y de forma que las imágenes semejan más a los protagonistas de los viajes de Gulliver que a al más entrañable misterio cristiano; aunque quizá sea solo para eliminar del encuadre a la vaca y al borrico según recomienda ahora la Santa Madre Iglesia, cosa que a mí me da un poco de lástima porque esos animalillos formaban desde hace mucho tiempo parte de la familia. De la de Jesús y de la nuestra.

La página opuesta está reservada al saludo del Alcalde que aparece en una fotografía donde muestra una sonrisa más amplia de lo habitual (se ve que está feliz con el premio), ese gesto tan particular suyo de agarrarse las manos y posar con una cara de no haber roto un plato en su vida. En el texto de su carta vuelve a insistir en lo de la ciudad europea de la Navidad y hace un breve recorrido por la programación que se ofrece, citando expresamente algunas notables actividades que se inician con el encendido de luces y la inauguración del Belén municipal, y terminan con la Cabalgata de Reyes. Entre ambas: el Circo de Navidad, la gran exposición de Playmobil y “un sinfín de originales actividades para las familias” que se recogen con detalle en las páginas siguientes del folleto de 40 páginas.

A primera vista no hay nada que nos haga pensar que las actividades sean ni  muy diferentes, ni mucho más numerosas, ni de mejor calidad que las de otros años. No obstante, sería precipitado emitir un juicio previo sin prestar –como ya venimos haciendo con otras cosas- un voto de confianza para que nuestro Consistorio demuestre que los actos previstos están acorde con la tan honrosa distinción otorgada. Y mucho más sin haber tenido la oportunidad de disfrutarlos. Por tanto, postergaremos hablar de eso para cuando terminen las fiestas.

Lo que sí considero oportuno es apuntar dos cosas que me parecen significativas por su novedad. Una es el relieve que adquieren en esta edición las actividades religiosas (páginas 38 y 39) entre las que destacan sobremanera las realizadas en la parroquia de Santa Genoveva, que alcanza un enfatizado protagonismo en detrimento de las clásicas (Santa María y Santa Catalina). La segunda es que por primera vez en mucho tiempo se reconozca, precisamente en estas páginas y de forma evidente, que en nuestro municipio hay familias necesitadas y personas sin hogar.

¡Sorpresas que nos depara la Navidad!


miércoles, 11 de diciembre de 2019

...y deja pudrirse al resto

Así que nuestra ciudad puede presumir ya de tener una señalización direccional acorde con los tiempos actuales, de forma que pueda orientar a los transeúntes que circulan en vehículos de la mejor manera para volver a rebotarlos fuera lo antes posible y sin que se pierdan. Esperemos que, además de hacerlo con rapidez, lo consiga hacer durante mucho tiempo ya que aquí las inversiones son tan escasas que las a las pocas que se hacen lo menos que se les puede exigir es que sean duraderas.

Pero en lo que a eso atañe, lamentablemente ya hay indicios de que ese deseo no va a cumplirse fácilmente. Lo digo porque no ha transcurrido mucho tiempo desde que se colocaron y ya algunas de las nuevas banderolas han empezado a dar síntomas de rebeldía y han cambiado su posición original señalando ahora otras direcciones. No quiero decir que se hayan cambiado los rótulos de buenas a primeras como por arte de magia sino que, al girarse sin que nadie les haya obligado, indican un recorrido inexistente. Supongo que no será nada grave y se deba sencillamente a que se ha aflojado un tornillo o algo parecido de poca relevancia, pero no deja de causar mala impresión que algo tan importante como que las indicaciones de tráfico sean lo más parecido a la realidad, y que ha sido instalado tan recientemente empiece a fallar tan pronto. Confiemos, pues, en que solo sea un problema de ajuste. Si es así, habrá que darle al menos el mismo grado de confianza y similar dosis de paciencia que los ciudadanos estamos dando a la nueva Corporación para que termine por adaptarse y empiece a dar muestras de orientación.

Otro tema relativo a la nueva señalización que me tiene inquieto es que me ha parecido ver en algún cartel que se han empezado a levantar los bordes de los adhesivos con que se rotulan los pictogramas, y eso es un poco preocupante porque su solución no es tan sencilla como girar un destornillador. No quiero alarmarme y por eso prefiero querer creer que mi percepción solo ha sido provocada por algún deslumbramiento ocasional o que se debe a alguna ilusión óptica con que mi deteriorada vista o las gafas mal limpiadas suelen engañarme. Pero, por si acaso, no estaría de más que los responsables de ese contrato echaran un vistazo más detenido a todos esos cachivaches para comprobar que lo que digo solo son imaginaciones de un vecino miope.

Lo que este vecino miope piensa es que al Ayuntamiento debería haberse estirado un poquito más para poder dotar con mayor presupuesto a esta operación, y de esa manera haber ampliado la modernización o sustitución del resto de cartelería que hay por el pueblo. No me refiero a la incorporación de señales complementarias para los edificios, centros o instalaciones de uso común que comentaba en el post precedente, sino a la que ya existe en la actualidad y se conserva en un estado lamentable o la que está realizada con soluciones propias de un país tercermundista. Para que se entienda bien lo que quiero decir voy a poner dos ejemplos de cada.


Estado actual de una placa de calle

Como muchos de tantos carteles que se cuelgan en las fachadas de las casas para conocer el nombre de las calles, el que aquí muestra la fotografía presenta el fondo azul sobre el que se recortan las letras totalmente cuarteado. Eso da idea de la mala calidad de los materiales empleados; porque es de suponer que un objeto que va a estar permanentemente a la intemperie y sometido a la acción directa del sol, a los cambios de temperatura y al resto de agentes atmosféricos debe estar confeccionado de manera que pueda soportar sus efectos sin deteriorarse. Pues, ahí tenemos la muestra. Y como él, la mayoría. A no ser que nuestro Ayuntamiento, con eso de que no tiene  ninguna obra de ningún artista o arquitecto de fama mundial –vehemente anhelo de toda ciudad que se precie de importante-, haya pensado que ese discreto craquelado pueda recordar las piezas de trencadís que el genial Calatrava va plantando allá por donde tiene la oportunidad de dejar su huella, haya considerado que ese envejecimiento prematuro guarda un cierto parecido con cachos de cerámica hechos añicos y vueltos a recomponer, y que con eso tenemos más que suficiente. Yo, en el fondo, me alegro de que se contenten con tan poca cosa, pues si además de tener que pagar los honorarios que se gastan esas firmas famosas y los elevados e inagotables presupuestos que requieren sus proyectos, tenemos luego que afrontar los defectos constructivos que suelen acompañar a sus obras, estaríamos no ya en la auténtica ruina -como parece que estamos, pese a lo que digan los datos contables y quienes los llevan- sino obligados a tener que ir pidiendo limosna por las esquinas.

El segundo ejemplo del primer grupo es aún más grave y más llamativo porque los elementos de señalización son de mayores proporciones y están a una distancia mucho más próxima al observador y, además, a la altura de sus ojos. Estoy hablando de los paneles que dan información de la ciudad, de los carriles-bici o de sus parques y zonas verdes, los cuales suelen estar junto a sus entradas o en las proximidades y representan su extensión, los límites, los caminos interiores, y el ecosistema que albergan, incluyendo fotografías o reproducciones pictóricas de los animales y plantas más comunes en ellos. Bueno, imagino que esa función debieron de cumplirla en su día porque lo que es ahora solo informan de la dejadez municipal en su conservación o sustitución. Los ejemplos que se muestran corresponden a la cara y al envés de uno de ellos, pero puedo asegurar que todos los que he visto similares –que son unos pocos-  se encuentran en el mismo estado.


Cartel existente al final de la calle Velázquez

Cartel existente junto a al entrada del parque 'Cuesta del Reventón'


Y pasando a los ejemplos de señalización paupérrima, voy a citar dos casos que todavía pueden verse colgados si es que aún no se los ha llevado una ráfaga de viento o han sido arrancado por algún gracioso. El primero de ellos es el conjunto de carteles colocados en las farolas de la Gran Vía para avisar de la zona Wi-Fi, a los que ya hicimos referencia en su día. En este caso nos encontramos con piezas de cartón plastificado con una cierta rigidez y prestancia, dentro de la pobreza de medios que delatan. Además, acompañando a su ya de por sí elegancia innata, presentan un tipo de fijación sumamente delicado y estudiado ad hoc como es una latiguillo negro de esos de atar cables. ¡Olé, ahí!




Cara y cruz de los carteles de zona Wi-Fi en la Gran Vía


El otro caso tiene aún más delito, y lo voy a explicar. Se trata de los carteles de aviso que el Servicio de Jardines, de la Concejalía de Medio Ambiente,  dispuso por algunas zonas del municipio para informar a los transeúntes de que se adentraban en zonas con riesgo de caída de ramas o de árboles enteros. Eso sucedió en los días de vendavales y fuertes vientos que provocaron la caída de árboles durante la pasada primavera y la verdad es que hay que agradecer la ocurrencia de tal medida a quien corresponda. Sin embargo, también hay que reprocharle dos cosas. Una, que para leer lo que pone el letrero haya que ponerse a pocos centímetros de él, tal es el tamaño de la letra; con lo que más que un aviso es una trampa, al invitarte a entrar en la zona de peligro para saber que nunca tendrías que haberte acercado a ella, sino todo lo contrario. “¡Bah -pensará más de uno- una pequeña incongruencia sin la menor importancia!”. Otra, que la durabilidad de la nota informativa era francamente muy limitada ya que consistía en un folio impreso metido en una funda de plástico transparente de esas de archivar documentos bien sujeta mediante unas cuantas vueltas de cinta adhesiva en torno al tronco.





Secuencia de aproximación a un cartel de peligro

Bueno, pues hasta hace poco esos carteles han estado allí bien agarraditos a los árboles hasta que la cinta adhesiva hubo dicho basta. Puedo asegurar que han pasado allí  todo el verano -bastante ajados, por cierto- sin que nadie los retirara una vez pasados los temporales. ¿Olvido? ¿Dejadez? “¡Qué va! –pensará más de uno- Tendrá su razón de ser, porque al fin y al cabo un árbol puede caerse en cualquier momento”.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Majadahonda estrena nueva señalización...

Una de las actuaciones que más se han divulgado en los medios locales ha sido la renovación de la señalización urbana. Y no es para menos, porque se trata de una de las pocas cosas de cierta envergadura (que no sea la rehabilitación de zonas verdes echadas a perder a los pocos años de su apertura e inauguradas ahora como si fueran nuevas dotaciones) que se han hecho en nuestra ciudad en este año. Tanta importancia se ha dado a este asunto que hasta algunos periódicos locales, otros de por aquí cerca y también algún otro de regiones más  apartadas lo han recogido en sus páginas.

Yo pienso que no es para tanto, si caemos en la cuenta de que cualquier ciudad mediamente decorosa debería tener un sistema informativo lo suficientemente completo y eficaz como que se pueda llegar a los sitios de uso más frecuente sin perder demasiado tiempo dando vueltas, o que cualquiera que se adentre en el municipio pueda salir de él cuando desee y sin llegar a sentirse atrapado en el laberinto de su callejero. Sin embargo, para nuestros próceres eso parece ser un objetivo loable y trabajoso, tal es la forma en que lo tratan por su oficina de prensa. La noticia aparece en el último boletín municipal editado (recordemos que es el nº 46 y corresponde al mes de octubre pasado) a doble página, un espacio acorde con el  relieve significativo que se le quiere dar, e informa de que se han colocado 700 nuevas indicaciones, que su instalación se terminará en noviembre –lo que hace suponer que a estas alturas ya se habrán colocado todas- y que la broma ha costado 300.000 euros del ala.


Paginas 24 y 25 del boletín municipal nº 46 (octubre de 2019)

Leídos así, esos datos no suenan muy disparatados. Pero a nada que uno se atreva a hacerse preguntas, la cosa empieza a ponerse vidriosa. La primera duda que a uno le asalta es la más simple: ¿era realmente necesario? Es cierto que Majadahonda no se distinguía por gozar de una señalización vertical muy profusa ni que facilitara elegir la dirección adecuada para llegar a los centros más importantes. Tenía, eso sí unos postes marrones donde volaban unos paneles alargados que por un lado tenían el nombre de las calles y por el otro publicidad, y que curiosamente eran muy parecidos a los que se han colocado ahora. Era ciertamente insuficiente y quizás inadecuada porque, circulando en un vehículo, era difícil leer los letreros sin arriesgarse a tener un golpe o a atropellar a alguien, ya que requerían una atención excesiva para quien está conduciendo. Pero, desde mi punto de vista, hubiera sido mucho más razonable y económico sustituir los rótulos identificativos por otros más legibles a distancia, y añadir los elementos a juego que se consideraran oportunos, que cambiar íntegramente la señal con su poste y todo.

Para un municipio que pasa tantos apuros económicos y carece de un presupuesto de inversiones que para cualquier otro de sus mismas características se considera normal, meterse en una aventura de gasto tan importante sin adoptar otra solución  mucho más imaginativa y económica, es un auténtico dispendio. Sobre todo si se tienen en consideración tres cuestiones que no pueden dejarse a un lado. Una es que se trata exclusivamente de señalización de tráfico, es decir para dirigir a la gente que va en coche, ya que los carteles son prácticamente imposibles de leer para los peatones que pasean por la aceras. Y que dicha señalización evidentemente está hecha para las personas que no conocen la ciudad, es decir no para los majariegos (que hemos tenido que aprender los vericuetos de nuestras calles y la forma de salir de las trampas y atolladeros a fuerza de dar vueltas y gastar gasolina) sino para los de fuera. Con lo cual podría pensarse que los beneficios de esta inversión repercuten más sobre los extraños que pasan de largo que sobre los propios ciudadanos de aquí, que además somos los que contribuimos directamente a su ejecución.

La segunda cuestión es que la instalación de las nuevas señales implica necesariamente el desmontaje de las antiguas y eso tiene dos consecuencias. Una, la generación de basura innecesaria con el consiguiente impacto añadido al Medio Ambiente, cosa en que los tiempos en que estamos merece una seria reflexión. Otra que la inversión que se hiciera en su momento para la antigua cartelería, dudo mucho que estuviera amortizada por mucha publicidad que se colgara en ellas. (Por cierto ¿quién se encargaba de gestionar esa publicidad?; ¿aparecían en los presupuestos municipales esos ingresos?)

La tercera cuestión radica en que está muy bien dirigir a la gente hacia los sitios que busca si cuando llega a éstos sabe fehacientemente que está frente a él. Pero pensar eso en Majadahonda es de ilusos, porque resulta que apenas hay algún cartel identificativo que no sea el propio rótulo del centro  y  con la peculiaridad de que, salvo casos excepcionales, no está fácilmente visible en todas las direcciones ni mucho menos al alcance de la perspectiva del conductor. De modo que quien trata de llegar a ellos en coche, la mayoría de las veces ha de dar más de una vuelta sobre la misma zona hasta conseguir llegar a la conclusión de que se encuentra junto al edificio en cuestión.

Esto último que digo concierne a la segunda pregunta que es por qué no se ha aprovechado para incorporar unas placas adicionales que identifiquen claramente a los edificios singulares, centros administrativos, colegios, etc. delante de ellos, completando así la nueva información direccional  y evitando esas vueltas de más que generalmente hay seguir dando hasta conseguir la meta. No creo que veinte o treinta elementos más de los 700 planificados –cifra un tanto imprecisa pues no se sabe si se cuentan el número de postes o de las banderolas que se montan en ellos, que son formas de contabilizar muy diferentes- pueda representar una ampliación de coste disparatada y, sin embargo, hubiera sido muy conveniente para  complementar la finalidad del sistema.

La tercera pregunta es corolario de las dos anteriores y está relacionada con valorar si esta inversión no solo llega tarde sino que en la actualidad ha dejado de ser algo imprescindible. Lo digo porque ahora casi todo el mundo tiene un navegador de geolocalización en su coche, y se fía mucho más de las indicaciones de este aparato que de las señales de tráfico, máxime cuando éstas solo marcan la dirección pero no la distancia como es el caso de los paneles instalados.

Vista anterior, lateral y posterior de un elemento de la nueva señalización

La cuarta pregunta que uno se hace tiene que ver con el modelo físico del tipo de señalización elegido. Ya hemos dicho antes que es muy parecido al que existía antes en cuanto a forma y diseño excepto en el grafismo de los textos, pues si en los antiguos consistían en guarismos blancos sobre fondo verde, en los nuevos se ajustan a los códigos y logotipos normalizados para las señales urbanas y de carretera. A mí particularmente me parece que son unos elementos sobredimensionados pues tienen un espesor desproporcionado con la función que ejercen, que es servir de simples soportes a unos rótulos y que bien podrían haberse resuelto con una placa más delgada. So pena de que hayan pensado que algún día puedan soportar publicidad en la cara libre como había antes; en cuyo caso volveríamos a cuestionarnos las mismas dudas: ¿quién se encargará de gestionar esa publicidad?, ¿aparecerán en los presupuestos municipales esos ingresos? Pero aún cuando se tuviera en cuenta esa previsión, los sistemas de iluminación actuales con lámparas led apenas necesitan espesor, por lo que no encuentro una justificación razonable a tanta gordura.  Sobre lo demás no tengo nada que decir salvo que creo que lo que hemos perdido de particular (por eso de que eran un poco diferentes), lo hemos ganado en limpieza y eficacia, a riesgo de caer en el igualitarismo que conduce el adoptar soluciones universales y que hay por todas partes. Lo único que me inquieta en cierto modo es que el brillo que esos mazacotes metálicos arrojan sobre los conductores es posible que en determinados casos sea realmente molesto y ocasione deslumbramientos indeseados, razón de más para habérselo pensado en su momento.

Poste y banderola de la señalización anterior


Hay algunas otras cuestiones que cualquier persona curiosa y preocupada por encontrar razones a las cosas que suceden a su alrededor –entre las que me incluyo- podría hacerse, pero por no resultar peñazo y alargar esta entrada indefinidamente me detendré por último en el aspecto económico haciendo unas cuentas muy elementales sobre su coste. Decir que nos ha supuesto 300.000 euros es una de forma muy ambigua de dar los datos. Supongo que en esa cifra no está incluidos ni el coste del proyecto, ni la cantidad de horas que técnicos y administrativos municipales han empleado en la elaboración de las bases y en la gestión de los diferentes trámites y documentos requeridos para poder llevar a cabo de principio a fin dicha instalación. No obstante, y por hacernos una idea aproximada de su repercusión, si dividimos el coste por el número de vecinos tendremos que cada majariego ha contribuido a la broma con unos 42 euros aproximadamente. Eso no parece que sea mucho dinero, máxime cuando tiene pinta de que va ser algo duradero. Pero si tengo en cuenta mi caso particular y el de aquellos otros que sean 6 de familia, a mí y a cada menda de esos nos toca apoquinar más de 250 euros, y cifra que ya cuesta un poco más de digerir. Porque si nos retraemos a lo comentado en párrafos anteriores, por ese precio podría dotarse de un buen navegador a todos los vehículos de nuestros ciudadanos que no lo tienen incorporado.

En fin, una vez más tendremos que comulgar con las decisiones que nuestros dirigentes locales toman en ese empecinado empeño de seguir aireando su persecución de lo que ellos consideran su modelo de ciudad: más parques nuevos o arreglados –como si ya no hubiera suficientes- para dejarlos estropear hasta el punto de necesitar nuevas intervenciones en un futuro no muy lejano, y un flamante sistema de señalización para dirigir convenientemente a los vehículos que se acercan a nuestra ciudad, pero sin rematar la faena convenientemente.