viernes, 31 de mayo de 2019

Más por menos

Si hay un lugar donde la eficacia de una campaña electoral ha sido modélica para el Partido Popular ese es, sin duda alguna, Majadahonda. Y no lo digo porque la empresa en sí haya sido buena y estuviera bien planificada, aspectos que no he seguido de cerca y por tanto desconozco, sino por el resultado final obtenido en relación con el bagaje que esta formación política podía aportar como frutos de la pasada legislatura en la cual ha estado al frente del gobierno municipal que – hay que recordarlo- no ha dejado de ejercer desde hace treinta años.

No puede conseguirse más por menos. Ni propios ni extraños dan crédito a los excelentes datos finales. Ni siquiera los más optimistas podían haber imaginado un escenario tan favorable: ser el partido más votado y haber conseguido 10 concejales (tan solo uno menos de los que ya tenían; haber superado ampliamente a su rival directo, Ciudadanos, que solo consigue 7 ediles; el crecimiento moderado del PSOE que en circunstancias favorables solo aumenta su número en dos, consiguiendo sumar 5 concejales; y la irrupción de un nuevo partido al que todos quieren dejar de lado (VOX, con 3 sillones) pero que puede ser un excelente aliado para echar una mano en situaciones comprometidas.

Pero lo que constituye la novedad más sorprendente en la futura composición de la corporación municipal es la desaparición del resto de formaciones que han venido teniendo representación, aunque fuera con distintas siglas, desde la constitución de los ayuntamientos democráticos. De un plumazo han desaparecido del mapa político local los partidos de izquierda y de centro que, aún teniendo en cuenta sus limitadas fuerzas en razón del escaso número de representantes, no dejaban de ser voces discordantes y molestas que servían de contrapunto a los dictados del monocorde gobierno conservador y sus dubitativos aliados.




Igual suerte han corrido los herederos del 15M que también han quedado fuera de juego después de su inesperada emergencia en las pasadas elecciones de 2015, lo que les permitió ganar 3 concejales. Claro que eso ya se veía venir, pues no hace falta entender mucho de política ni ser un experto analista para aventurar que la dispersión de sus votantes en diferentes opciones solo podía conducir a un suicidio colectivo, como así ha sucedido.

Sin embargo, que una veterana de la resistencia como Mercedes Pedreira (que tantos malos ratos ha hecho pasar a Narciso de Foxá en enfrentamientos dialécticos que animaban los plenos) tenga que recoger sus bártulos y abandonar su silla de concejal después de tantos años, o que a Izquierda Unida le pase lo mismo tras varias legislaturas en las que ha conseguido a duras penas mantenerse a flote, no deja de ser una sorpresa inesperada.

Así que, echando cuentas, el horizonte que se le presenta al Partido Popular para gobernar esta localidad durante los próximos años no solo es bastante favorable sino que además está completamente despejado de elementos díscolos que puedan entorpecer sus propósitos, con lo cual pueden campear a sus anchas como lo han estado haciendo durante las tres últimas décadas.

A quienes esta ciudad les importa un bledo pero les gusta que las rotondas estén llenas de flores aunque el pueblo huela literalmente a mierda, supongo que los resultados de las elecciones del pasado domingo les tranquilizará y les hará sentirse satisfechos. Pero para quienes somos un poco más críticos y exigentes con el gobierno municipal nos preocupa el hecho de que los votos refrenden una mala gestión de los recursos y una pésima política de inversiones, porque con ello se pierde el acicate que supone la pérdida del apoyo vecinal para indagar en la búsqueda de nuevas fórmulas, imaginar nuevos proyectos y dotar del empuje necesario a la nueva corporación de modo que se consigan recuperar la confianza y la ilusión de los majariegos.

Cabe, no obstante, preguntarse si el más que probable futuro alcalde José Luis Álvarez Ustarroz está decidido a cambiar el rumbo decadente que ha padecido esta ciudad en la última década y a terminar con la parálisis administrativa de su Ayuntamiento o, a la vista de lo bien que han salido las cosas para su partido, considere que es preferible mantener el mismo tono de abulia y aceptar la chaquetilla de barman de su antecesor para seguir repartiendo privilegios.




martes, 21 de mayo de 2019

Últimas representaciones

¡Aprovechemos!

Todavía quedan algunos días de teatro. Aún podremos ver a nuestros políticos pisando la calle, mezclándose con la gente corriente como si fuera uno más, a su misma altura y compartiendo el mismo espacio. Puro espejismo. Porque esto, que sería el comportamiento lógico de quienes se han postulado como representantes de la población que ha depositado su confianza en ellos otorgándoles su voto, en la realidad es bastante inusual y sólo se da durante apenas un mes cada cuatro años.

Defiendan las ideas que defiendan y sea cual sea el color que los distingan, andan todos en la proximidad de sus chiringuitos con caras de buenos amigos y obsequian con palabras amables a sus interlocutores como si se conocieran de siempre. Entregan su octavilla a diestro y siniestro y regalan una sonrisa por doquier como si eso fuera lo más normal, sin que se les note demasiado el ímprobo esfuerzo que hacen por parecer empáticos y mostrarse simpaticos. Los más generosos exponen en los puestos chapas, mecheros, bolígrafos y baratijas diversas con logos estampados. También suelen tener globos que regalan a los niños como si ellos entendieran ese intercambio. Yo, sin embargo, pienso que sería mucho más atractivos si ofrecieran un refresco callejero a la concurrencia.


Propuesta para un puesto electoral callejero más sugerente


Si uno viera esto de nuevas o borrara de su memoria los recuerdos que acumula de tiempos pasados, podría pensar que se han transmutado. Los más incautos incluso llegarían a  imaginar que se ha producido un milagro. Pero quien más quien menos ya está escarmentado de ocasiones anteriores, y considera estas aparentes transformaciones como lo que son: estudiadas sobreactuaciones para obtener votos. Porque, desgraciadamente, pasado este periodo de engaño y agitación, la función toca a su fin y todo vuelve a su estado normal. Los políticos retornan a sus despachos, se quitan la careta y se disponen a pasar cuatro años escondidos; los ciudadanos, condenados a echarlos de menos y a volver a la cruda realidad de esperar las promesas que nunca llegan.

Si uno tiene la precaución de guardar los programas electorales de cada partido, especialmente los de la formación que consigue el objetivo de formar gobierno, y vuelve a releerlas al final de cada legislatura, además de sonreír para sí mismo –o partirse a carcajadas- podrá comprobar dos cosas: que gran parte de las propuestas que contienen no se han cumplido y, lo que es más chocante, que vuelven a incluir en los nuevos programas las cosas que fueron incapaces de llevar a cabo.

Otra curiosidad que se da por estas fechas tienen que ver con los bailes de candidatos en las diferentes agrupaciones. Abundan caras nuevas y, sin embargo, es prácticamente imposible ver a las conocidas que han sido apartadas o defenestradas como si no hubieran existido nunca. No sé si eso obedece a una estrategia electoral o simplemente es la respuesta comprensible de quien se siente defraudado por no haber sido premiado con la continuidad y es natural que tengan muy pocas ganas de aparecer precisamente con quienes le han desplazado. Pero no hay que perder de vista que ellos han adquirido un compromiso con la ciudadanía y con su propia formación, y hasta el último día que comprenda el periodo que dure su trabajo deben estar a las duras y a las maduras, que para eso reciben sus estipendios religiosamente. Si no, mejor sería –o, por lo menos, más honesto y digno por su parte- que presentasen la dimisión de inmediato, como ya ha hecho alguno.   

Así que, aprovechemos: sólo quedan unos días de comedia; luego nos espera una larga temporada de dramas y tragedias.

viernes, 17 de mayo de 2019

Pasear por la Gran Vía

La Gran Vía es, sin duda, la calle más representativa de Majadahonda y también, sin duda, la más transitada. Antes y ahora. Desde que la Dirección General de Regiones Devastadas emprendió la reconstrucción de este pueblo arrasado por la guerra dotándolo de un nuevo trazado urbano donde antes solo había campo, e incorporando el Camino Ancho situado por entonces en los arrabales como nuevo eje de comunicación que servíría no solo para conectar las nuevas construcciones con el casco viejo sino como ruta directa de enlace entre las localidades situadas al norte y al sur de este municipio, la Gran Vía cobró un protagonismo que sigue vigente en nuestros días. Antes, como una de las pocas calzadas pavimentadas por donde circulaba el tráfico (más de paso que propio) con aceras bordeadas con jardineras de ladrillo que protegían a los caminantes de los vehículos y salvaban las diferencias de cota entre ambas. Luego, como vía rápida en ambas direcciones en las que se instaló uno de los primeros carril-bici de la provincia, que quedaba separado de los coches con una baranda metálica llena de jardineras de uralita. Y más tarde, convertida ya en ruta peatonal, con una fisonomía parecida a la actual, escondiendo el tráfico de vehículos bajo un túnel subterráneo.

Además es, sin duda, la calle más bonita del municipio. Larga, amplia y despejada; arbolada con hileras de magnolios y liquidámbares; con esa cierta uniformidad en las fachadas de los edificios que la conforman en tonos mayoritariamente blancos….Si a eso añadimos su linealidad prácticamente ininterrumpida a lo largo de los más de 5 hectómetros que recorre entre las Jardinillos y la plaza de Colón, y otro largo más que suma por su ampliación hasta la calle Rosalía de Castro, y las espectaculares vistas de la Sierra de Guadarrama cuyos montes asoman por Reyes Católicos, puede decirse, sin duda, que es una vía privilegiada.


La Gran Vía de Majadahonda


Sin embargo, lamentablemente, no todos pueden disfrutarla. Fundamentalmente, a causa del estado de su pavimento en la parte central. Ésta está solada con adoquines de labra irregular que van enmarcando cuadrados de losas de granito alternando zonas lisas y uniformes con franjas en relieve, lo que se traduce en un verdadero suplicio para las personas mayores o para las que tienen dificultad en caminar o moverse autónomamente. E igualmente se hace insufrible para quienes empujan un carrito o van montados en él, de modo que se les castiga a ir dando incómodos saltitos entre los remanso llanos.

Si éstos optan por desplazarse a los laterales, que están pavimentados con baldosas convencionales de bajo relieve, tienen que sortear un buen número de obstáculos (mesas, sillas, barriles, carteles, macetones, etc.) que colocan los establecimientos de hostelería incumpliendo las ordenanzas, además de toparse con mayor número de viandantes que entran y salen de los comercios y bares, y atreverse a afrontar los cambios de niveles, rampas y acuerdos en los cruces de calles, y los que algunos de los locales han realizado sin autorización para adecuar sus entradas al nivel de las aceras sin crear escalones.

Los vecinos llevamos reclamando desde hace mucho tiempo que se aborde la solución a este problema de una forma adecuada de tal modo que la Gran Vía cumpla las condiciones de accesibilidad para todos. Pero, desgraciadamente, ha pasado un nueva legislatura sin que el Ayuntamiento haya sido capaz de llevarlo a cabo ni de buscar una alternativa a este problema.

A pesar de todo, muchos somos los que concurrimos a esa calle para hacer ejercicio, realizar alguna compra o sencillamente por el simple placer de pasear. Somos muchos y nos solemos reconocer aunque no nos conozcamos de otra cosa. Padres con niños, parejas, grupos de jubilados, empleados que terminan sus tareas, personajes públicos…. Uno de los asiduos era Alfredo Pérez Rubalcaba. Podías encontrarlo a cualquier hora aunque con mayor frecuencia a últimas de la tarde. Con su caminar tranquilo, a veces solo a veces acompañado, hasta hace poco recorría discretamente la Gran Vía de punta a cabo con el rostro semioculto por una gorra de visera gastada y descolorida. Hoy, sin duda, andará por otros paseos con su caminar pausado y llevando la misma gorra. Sin duda que, quienes nos cruzábamos con él, le vamos a echar de menos.



Caricatura de Rubalcaba (Peridis)


lunes, 6 de mayo de 2019

Fantasmas en el Mercadillo

Caminar por el Mercadillo de Majadahonda sin estar angustiado por pisar los puestos furtivos que se asientan en medios de las calles ni pasar las estrecheces a que obliga su ocupación inadecuada es una suerte que raramente se da. El pasado sábado fue una de esas infrecuentes ocasiones en que algunos números uniformados de la Policía Local permanecían apostados en los cruces estratégicos ahuyentando a los habituales vendedores no autorizados que se aposentan en esas latitudes. Eso me llevó a pensar por un momento que los encargados del orden estaban cambiando de estrategia y que por fin habían encontrado un método para evitar el establecimiento ocasional de los manteros.

Esta ilusoria suposición se fue al garete en cuanto me pude apercibir de que el verdadero motivo de esta vigilancia inusual no era otro que conseguir que la visita del señor Alcalde, que bajaba por la cuesta principal repartiendo propaganda para las próximas elecciones, se desarrollara sin apreturas y en las debidas condiciones. Nuestro edil supremo iba, como siempre, impecablemente vestido, y le acompañaba una adlátere que también portaba su resma de octavillas para ir entregando a la concurrencia, y al cabo se adentraron por una de las a calles paralelas de la zona baja para seguir con su tarea.

A pesar de lo breve, e inesperada por infrecuente, esa fugaz aparición sirvió para confirmar que si lo que mis ojos vieron no era un fantasma, Narciso de Foxá es una persona de carne y hueso (al menos eso parecía por los gestos y porque se movía autónomamente), y por tanto no solo la hierática imagen que aparece con profusión en el boletín municipal y en otros medios. Y también que, aunque sea en muy contadas ocasiones, ese hombre es capaz de mezclarse con el vecindario en lugares de alta concentración de personas como es un mercado al aire libre, ya que de todos es sabido que nuestro actual alcalde no es nada propenso a compartir el ambiente callejero con los habitantes de su pueblo a menos que lo impongan obligaciones forzadas.


El Alcalde de Majadahonda y la Presidenta de la Comunidad de Madrid vistan el Mercadillo el 15 de abril de 2018

En el discurrir hacia la zona alta, me crucé un poco más arriba con el joven candidato a ocupar el puesto que el Sr. de Foxá dejará en breve, haciendo la misma actividad de endosado de papeletas con las virtudes y promesas de su partido político para la próxima legislatura. Me extrañó que fuera sin acompañamiento y a una cierta distancia de los anteriores, sumiéndome en la duda de si esa circunstancia obedecía a una actitud deliberada o era una cuestión de pura casualidad. Aunque tampoco habría que descartar que, tal como están las cosas en su grupo tras los últimos desplantes, solo fuera una situación forzada para mejor aprovechamiento de los recursos disponibles.

La lástima es que, como suele ocurrir en las visitas institucionales, se prepara el recorrido de tal manera que quienes se asoman a estos eventos no se enteren de cómo funcionan normalmente y no perciban la incapacidad de la Policía Local en mantener las calles expeditas de vendedores indocumentados –que, por otro lado, son archiconocidos  porque siempre son los mismos- haciendo cumplir no solo la disciplina de las actividades sometidas a licencias o permisos, sino lo que es más importante: las condiciones mínimas de seguridad que requieren estos establecimientos temporales en relación con la aglomeración de personas y las dimensiones de las vías de evacuación en casos de emergencia, de acuerdo con las ordenanzas municipales y la normativa vigente.

Quienes acudimos al Mercadillo con cierta frecuencia estamos un poco hartos de sortear las prendas que se colocan bajo un trapo o un cartón en medio de las calles, que no hacen sino entorpecer el tránsito de las personas y no digamos ya si éstas portan un carrito de compra o tienen que empujar una sillita de bebé. Y también hartos de ser espectadores de esos juegos sabatinos del ratón y el gato, que consisten básicamente en ver cómo los manteros recogen apresuradamente las mercancías tras el chivatazo de un compinche que avisa de la proximidad de la ‘pasma’, y las vuelve el colocar en el mismo sitio una vez ha pasado la patrulla de ronda. Eso, en el mejor de los casos, porque en otra ocasiones los agentes se entretienen mirando para otro lado o hablando en corrillo dando la espalda a los presuntos infractores, como si ese asunto no fuera con ellos.




En fin, con esta líneas termino expresando mi congoja por el hecho de que para una vez que nuestro alcalde se decide a vivir de cerca esa vorágine que tanta fama da a nuestra ciudad, pierda la oportunidad de verla en su verdadera salsa y de poder llevarse la impresión auténtica, y no una versión edulcorada de la realidad. Aunque me queda la esperanza de que por lo menos tuviera ocasión de percatarse del lamentable estado general de los pavimentos, llenos de zonas craqueladas, cuarteadas y con calvas en el asfalto que son causa de algunas caídas, y de  muchos traspiés y tropezones que son parados gracias a la proximidad de tanto personal. Pero también es posible que le señalaran una ruta con suelos en buen estado que obviara las zonas deterioradas, evitando así el riesgo de  dañar sus  impolutos zapatos.

domingo, 28 de abril de 2019

Escuela de párvulos

Quien vea detenidamente la lista que el Partido Popular ha preparado para las próximas elecciones municipales no puede quedarse menos que estupefacto. Por segunda vez consecutiva los populares, que llevan las riendas del gobierno local de forma ininterrumpida desde que se alzara con ellas Ricardo Romero de Tejada en el año 1989, han hecho limpieza intensiva mandando a la mayoría de los actuales concejales a paseo, sumando también en esta ocasión al edil supremo.

Lo de nuestro alcalde ya se conocía de antes puesto que el mismo Narciso de Foxá lo había anunciado previamente, no se sabe bien si porque está un poco cansado del puesto –no en vano lleva más de 14 años en el cargo desde que se hiciera con él a raíz de la dimisión del tristemente famoso Guillermo Ortega- o porque ya intuía que su estrella había decaído alarmantemente y carecía de los apoyos que siempre le habían brindado ciertos gerifaltes de su partido que ya no están en activo o están pasando una temporada a la sombra. Lo que ocurre es que la gente ya no se fía de lo que le cuentan ni aunque lo digan los mismísimos propios, y quien más quien menos todavía no se creía que fuera a abandonar el sillón que tanto tiempo había acariciado sus posaderas. Finalmente no se han cumplido esos temores y, como ya comentamos hace unos días, han cambiado la cartelera suplantando el rostro de palo, ya desgastado y –hasta me atrevería a decir- aburrido de una persona envejecida, por la de un joven sonriente con cara de buena gente y pinta de no haber roto un plato en su vida.

Pero lo que sí ha sido una mayúscula sorpresa es la criba que han puesto en práctica con el resto del equipo, ya anticipada con alguna silenciosa renuncia y otra más reciente desbandada. Y no porque más de uno y más de una no hayan hecho méritos suficientes para enviarlos a galeras, sino porque en cambio algunas otras y algunos otros tenían un buen cartel y, si puede ser mucho decir que eran apreciados por los vecinos, al menos se les reconocía su esfuerzo e interés en el desempeño de sus funciones. Dentro, por supuesto, de los estrechos límites que el alcalde o sus propios compañeros les permitían maniobrar.

Cosas raras deben estar pasando dentro del Partido Popular para que hayan elegido a un grupo de jóvenes aprendices para acompañar a otro igualmente inmaduro -dicho esto con todo respeto porque me refiero solo a sus edades, no a sus capacidades- en la tarea de formar el equipo de gobierno municipal, en el caso hipotético de que obtengan buenos resultados. Hay que puntualizar que intercalados en la lista aparecen tres concejales de esta legislatura que pueden orientar a estos muchachos en el desempeño de sus funciones. Uno de ellos, en la cuarta posición,  es el actual portavoz del partido después de la espantada que protagonizó recientemente Manuel Ortiz -uno de los hombres fuertes-, Ángel Alonso, que ostenta una amplia cartera de responsabilidades y que ha sido invitado honorífico de este blog en varias ocasiones. Los otros dos son: Manuel Troitiño, asignado a una concejalía menor (Consumo y Bienestar Animal), y María José Montón, una auténtica especialista en supervivencia de las purgas, que ha sabido conservar la confianza del partido durante tres convocatorias electorales consecutivas y que tras las carambolas que ha tenido que inventarse el Alcalde para recomponer su equipo, ha asumido la tercera tenencia de alcaldía y varias competencias adicionales a las propias de su área de Atención Social y Familia. Aunque lo cierto es que ambos, por los lugares no punteros que ocupan en la lista (sexto y séptima, respectivamente) y ateniéndonos a las estimaciones menos optimistas que circulan, si entran será por los pelos.

Cosas raras, como decía, o un miedo exasperado a seguir perdiendo votos en ese vertiginoso tobogán que cada cuatro años le resta apoyos, menguando progresivamente el número de papeletas. Quizás sea esta una huida hacia adelante y la decisión de hacer tabla rasa y colocar a unos cuantos cachorros para salvar los muebles se deba a una medida desesperada para taponar la sangría. Poner a jóvenes a manejar el timón puede dar sensación de cambio y de que soplan aires nuevos en la gestión municipal. Sin embrago, los que llevamos tiempo viviendo aquí sabemos que para gobernar esta ciudad se precisan personas expertas y con cierto rodaje, dado el grado de desmadre y desorganización en el que está sumido el Ayuntamiento. Para poner orden en ese proceloso caos es imprescindible conocerlo a fondo, y para eso es necesario haber navegado por él y padecerlo en las propias carnes; de ahí la importancia fundamental de la experiencia que este grupo de noveles no puede acreditar.

Aunque también puede ser que la Ejecutiva Regional de los populares haya decidido convertir a Majadahonda en un banco de pruebas para la formación de sus pupilos, una escuela para futuros valores en la que pipiolos apenas salidos del cascarón y con escaso bagaje se curtan en la gestión municipal, tutelados por esos tres maestros de ceremonias que  sepan conducirlos por los vericuetos senderos de la política local.

Párvulos Populares en Majadahonda


Bien es verdad que para saltar por encima del listón que han dejado sus antecesores no es necesario ni ser excesivamente brillantes ni gastar demasiadas energías. Porque a nada que hagan, aunque se equivoquen, será más de lo que se ha hecho en este pueblo en los últimos 8 años. Y a poco que se esfuercen podrán demostrar que gestionar bien un municipio, aún siendo complicado, es posible si se tiene interés, se pone ilusión, y se dispone de ganas de trabajar.


En fin, ellos sabrán. Pero se arriesgan a que, como yo, muchos otros vecinos de este pueblo no les concedan el voto. Y no por la mayor o menor sintonía con su ideario político o sus propuestas sino por una razón mucho más contundente: Majadahonda no es un laboratorio de ensayo y no se merece participar en esa veleidad. El destino de nuestra ciudad en los próximos años está en juego y no podemos permitirnos más retraso.

jueves, 25 de abril de 2019

... y galpones urbanos

No piense nadie que el asunto de las terrazas invasivas se acaba en la Gran Vía ni que es en esa calle donde se comenten los atropellos más graves porque se equivocará de cabo a rabo. En realidad, y por desgracia, ese abuso consentido es una tónica general de nuestro municipio y está copiosamente extendido por dondequiera que vayas. Y tanto se trata de casos de notable fundamento y gran superficie como de pequeña repercusión, pero todos ellos con un mismo carácter denominador: la infracción urbanística. Hoy vamos a ocuparnos de un tipo de ocupación más grave y descarada porque va acompañada de la instalación de construcciones estables y permanentes que no solo hurtan el suelo público de forma permanente sino que constituyen claros ejemplos de infracciones urbanísticas. Pongamos varios ejemplos de  todos conocidos.


Plaza de la Constitución

Apenas inaugurada la Plaza de la Constitución en marzo de 2011 y sin haber dado tiempo casi a que se endurecieran las zonas de terrizo, los responsables del local entonces llamado Rubido, ubicado en los bajos de uno de los edificios que cierran el perímetro oeste, se apresuraron a ocupar una parte importante de la franja libre en la zona oeste de la plaza mediante la instalación descarada de una estructura permanente, con cimentación incluida, con el fin ejecutar una plataforma horizontal elevada que salvase el desnivel de la explanada. La construcción consta como digo de cimentación, postes, base de entablado, y una estructura metálica que soporta la cubierta de lona que permanece muchos días extendida. Tiene, asimismo, paredes laterales que cierran casi completamente el recinto con paneles metálicos, farolitos y acristalamiento, por lo que puede considerarse una caseta permanente en toda regla lo que está específicamente prohibido por la ordenanza al no ajustarse a las especificaciones permitidas para este tipo de instalaciones, y constituye una clara usurpación del suelo público para uso y beneficio privado.


Primeros trabajos sobre el terrizo original



Casa-terraza del antiguo Rubido

Pasados más de 8 años desde su implantación ilegal, el aparatoso engendro -ahora regentado bajo el nombre de Nuevo Fogón- sigue en la misma posición sin que el Ayuntamiento haya hecho el más mínimo amago para su retirada.


Casa-terraza del Nuevo Fogón, hoy

Recientemente se ha levantado a pocos metros y con el mismo descaro otra construcción similar, algo más pequeña pero igualmente estable, con su estructura metálica permanente y cierres laterales, lo que hace suponer que se mantendrá sine die como un elemento permanente, restando espacio al uso libre de los vecinos de acuerdo con el proyecto original de la plaza. El nombre del establecimiento hostelero a que pertenece (Fogonxito) hace sospechar que tiene alguna relación con el anterior y que sus propietarios gozan del mismo trato de favor, por lo que no debe de resultar muy extraño que, como en el caso anterior, la Policía y los servicios municipales de quienes depende la vigilancia, denuncia y paralización de estas actuaciones hayan hecho exactamente lo mismo que en el caso antecedente: nada.

Casa-Terraza del Fogonxito
     


Esquina de las calles San Andrés y Santa Isabel

Con más antigüedad que los dos antes mencionados pero con un nombre parecido (El Viejo Fogón), la terraza de este restaurante ocupa desde lustros la acera de forma sensiblemente triangular que se forma en la confluencia de la  calle San Andrés con Santa Isabel, otro espacio público más hurtado a los vecinos. Como sucede en el caso de su homónimo más joven, la inclinación del pavimento urbano “ha obligado” a hacer una plataforma de regulación que se cerrado de forma más ostentosa con empalizada, ventanales material plástico, lonas y cubierta permanente, creando otro espantoso recinto apropiado de forma ilegal e incumpliendo de forma insolente las ordenanzas.

Casa-terraza de El Viejo Fogón


Se ve que alguien en el Ayuntamiento siente debilidad por los fogones o por sus propietarios porque de otra manera no se entiende tan repetida permisividad. Si es que no es que se trata –tanto en éste como en los casos anteriores- de la concesión de privilegios.



Bulevar Cervantes

Lo que iba a ser una intervención modelo de recuperación de un espacio degradado acometida por la administración municipal tiene los visos de convertirse en otro escándalo. Por una parte, porque lo que en realidad escondía era una nueva donación de privilegios al perdonar los compromisos adquiridos por el concesionario del aparcamiento bajo el subterráneo de la Gran Vía, que estaba obligado a la construcción de un aparcamiento público bajo esa plaza. Por otra, por la gestión tanto de la construcción del “trenecito” (término por el que se conoce al kiosco que se ubica en medio del bulevar), ejecutado también con dinero público, como de la concesión de su explotación, con unas condiciones hechas a medida para algún “amiguete” de la clientela y con un canon anual irrisorio. Y la tercera, que es la que tiene relación con lo que estamos tratando, la permisividad en la ampliación del chiringuito, que en su tiempo se llamó el Boulevard, con una construcción anexa de tipo ligero pero igual de contundente que las anteriormente descritas, con suelo, techo y paredes fijas y permanentes, restando una buena superficie del en teoría paseo central libre y haciendo prácticamente imposible atravesarlo dada la colocación de macetones, muebles y otros enseres en la estrecha faja que queda sin edificar ni ajardinar.





Ampliación del kiosco Boulevard



Interior de la ampliación construida en lo que era antes 
un paseo peatonal en la zona central del bulevar Cervantes

Por cierto, ya que hablamos de este esperpento habría que apuntar algo más sobre el propio kiosko que, al haber sido construido como promoción municipal,  se supone cuenta con las debidas autorizaciones. Es incompresible que en la escena urbana de Majadahonda, que cuenta con unas ordenanzas urbanísticas bastantes restrictivas en lo que se refiere a la configuración estética de los edificios, se permitan estos adefesios que navegan en un rumbo indefinido entre la arquitectura modernista y la horterada más repelente.


Calle Rosalía de Castro

En las estribaciones del eje principal de nuestra ciudad, allá donde acaba la Gran Vía a escasa distancia de la Ermita y al amparo de la esquina que forma el carril auxiliar paralelo a la carretera de Boadilla con la calle Rosalía de Castro, se enfilan un grupo de locales de restauración cuyas terrazas ocupan una franja entre las edificaciones y el borde interior de la acera, por lo que hemos de entender que no se ubican en suelo público sino en el de la propia urbanización donde se asientan.

Sin embargo, el más listo de todos, que tiene por nombre La Renta, se ha permitido (y le han permitido) salirse de sus límites, ampliando un poco más su territorio al aire libre a costa de todos los majariegos. El sarao sigue las mismas pautas de los que le preceden en la lista y comprende la plataforma niveladora y empalizadas de cierre con zócalo ciego y galería transparente, pero careciendo en este caso de estructura auxiliares para cubrirlo; todo  siguiendo el mismo tono de mal gusto de que adolecen los anteriores.


Terraza de La Renta



Baste por hoy con ese muestrario de galpones y corralitos que adornan las calles de nuestra ciudad ocupando ilegalmente espacios que nos pertenecen a todos, y que a todos nos son hurtados para negocio y beneficio particular con el beneplácito de los políticos que nos representan y la indiferencia de los funcionarios y empleados municipales a quienes -¿hay que recordarlo una vez más?- todos pagamos para que custodien lo que nos pertenece.

domingo, 21 de abril de 2019

Terrazas invasivas...

En más de una ocasión se han mencionado aquí los privilegios que nuestro alcalde, sirviéndose de la administración municipal, concede generosamente, sin aportar más información ni datos concretos que justifiquen que esta denuncia no es cosa supuesta o inventada sino que tiene todo su fundamento.

Hoy es una buena ocasión para abrir una nueva línea de comentarios en la que se irán desgranando los indicios o pruebas que avalan lo que decimos sobre los distintos tipos de prerrogativas. Y para ello empezaremos con uno de los privilegios más claros y extendidos por la escena urbana que no solo están a la vista y al alcance de todos los que quieran verlos, sino que por su naturaleza y las molestias que producen a muchos vecinos podrían conceptuarse de odiosos, de acuerdo con las explicaciones y calificaciones que se dieron en su día.

Se trata, ni más ni menos, que uno de los ejemplos más cercanos y evidentes de apropiación de los espacios públicos para uso o beneficio privado: las terrazas de bares y establecimientos de hostelería. Para ver modelos de esta usurpación no hay que irse muy lejos ni a zonas recónditas; basta con darse una vuelta cualquier día de primavera por la Gran Vía y sus alrededores, donde el muestrario de este tipo de espacios usurpados es suficientemente explícito como para hacer una verdadero tratado de infracciones urbanísticas en este terreno. Porque los establecimientos hosteleros no se contentan con incumplir las condiciones que regulan su licencia –si es que la tienen- sino que extienden sus límites más allá de lo permitido, colonizando las áreas perimetrales sin ningún tipo de control. 


Invasión del pasillo libre central


Y no sólo lo hacen hacia el interior de la calle invadiendo el teórico pasillo libre central que marca la ordenanza (2,00 metros a cada lado del eje central), sino que avanzan en sentido lateral más allá del ámbito que ocupa su fachada (condición también de obligado cumplimiento) siempre que no haya competencia de otro rival. Y como tampoco quedan satisfechos, inundan asimismo la franja que existe entre la terraza y la fachada de su establecimiento manteniendo permanentemente barriles, macetas, mesas y otro mobiliario auxiliar, creando de esa manera serias dificultades para el tránsito peatonal de forma que traspasar esos territorios se convierte en una exigente prueba de regateo o yincana. Es más, si en un acto de resolución o valentía alguien se atreve a circular por esas zonas suele toparse con la cara de pocos amigos de los camareros, que muestran su gesto amenazante al intruso que se ha decidido a penetrar en lo que entienden que es su parcela privada.


Invasión del pasillo libre junto a fachada


Pero no queda ahí la cosa porque, puestos a desobedecer la ordenanza, la colocación de macetones, vallas, suelos postizos y toldos también se hace de modo indiscriminado y si atenerse a lo prescrito. Refiriéndonos a estos últimos y de acuerdo con lo que hemos visto, puede afirmarse que solo una terraza de la numerosas que existen en la Gran Vía cumple los requisitos que debe reunir en relación con su altura, la separación a farolas, papeleras y banco y otros elementos de mobiliario urbano o servicios generales.


Toldos invadiendo la zonas libres bajo farolas


Y ya que se han mencionado los bancos diré que un vecino mío al que este tema le lleva por la calle de la amargura me contaba el otro día su indignación por la desvergonzada retirada de los bancos públicos que quedan en ámbito de estas terrazas y que, en lugar de exigir que las mesas de éstas queden a la distancia que obliga la normativa, lo que se hace es sencillamente quitarlos para que no molesten. Decía el buen hombre que había hecho un recuento de los bancos eliminados y que en un tramo concreto habían sido retirados 6 de los 18 que existían inicialmente, lo que venía a suponer la tercera parte de los originalmente instalados. Si eso fuera verdad, me pregunto cómo diablos los responsables del orden y del cumplimiento de las normativas municipales (servicios de vigilancia, Policía, técnicos de disciplina urbanística, etc.) pueden permanecer pasivos ante lo que significa un claro latrocinio del patrimonio público, tanto en el aspecto económico que supone la sustracción de un material que ha sido pagado por todos los vecinos como en la dolosa supresión de un elemento destinado al servicio de los ciudadanos.


En la zona ocupada por esa terraza había dos bancos como el que se ve un poco más allá


Otro de los aspectos relacionados con esta actividad es la vulneración sistemática y general de las normas que se refieren a la recogida diaria de los elementos que componen las terrazas de hostelería con el fin de dejar expeditas en el horario nocturno las zonas ocupadas durante el día. La semana pasada me di un paseo para comprobar si estas disposiciones se cumplían y pude verificar que todos, absolutamente todos los establecimientos mantenían su respectivas mesas y sillas apiladas en montones dentro de los recintos delimitados por sus maceteros o hitos, que igualmente permanecen fijados al suelo en el mismo sitio durante las veinticuatro horas de casa jornada.


Mobiliario acopiado en la calle (con el local cerrado)


Ante esta abusiva y caótica situación que los vecinos tenemos que soportar, más de uno se preguntará qué hace el Ayuntamiento al respecto. Pues, lo que nadie se podría imaginar: absolutamente nada. A este respecto cabe mencionar la noticia recogida en el boletín municipal de octubre de 2018, que daba cuenta de la iniciativa para realizar un marcaje de los límites correspondientes a cada licencia de terraza con el fin de regular su ocupación territorial. Transcribo parcialmente lo que se decía de ella en la página 20.

“A finales del mes de julio se procedió a señalizar con pintura en espray la ocupación de las terrazas con licencia de los distintos hoteleros que ocupan el espacio público en el recorrido de la Gran Vía, y de parte de la plaza de Colón. Se ha empezado por estas zonas porque son las más concurridas, pero el objetivo es señalizar todas las terrazas del municipio.”


Página 20 del boletín municipal de octubre de 2018


Es cierto que durante algún tiempo se pudieron a ver unas extrañas marcas de color azul en el suelo ocupado por algunas de las terrazas de la Gran Vía. Por lo general quedaban en el interior de las áreas cubiertas por las mesas, sillas y toldos, y algunas quedaban bajo los postes o las macetas, de modo que era prácticamente imposible hacerse una idea de cuáles eran los límites reales que amparaba cada licencia. Pero el tema principal reside en la pregunta de saber qué se ha hecho desde entonces. De acuerdo con lo que se percibe sobre el terreno, la respuesta depende de a quien vaya dirigida. Si es al Ayuntamiento, éste no podrá contestar otra cosa que dejar que las marcas se diluyan con el tiempo sin hacer otra cosa que absolutamente nada. Si se la hacemos a los hoteleros lo más seguro es que pongan cara de circunstancias y se encojan de hombros mientras esconden disimuladamente el cepillo y los abrasivos con que sus empleados restriegan todos los días sobre las marcas para ver si terminan por desaparecer.


Restos del marcaje municipal del límite de las terrazas


A esa laxitud en la vigilancia del cumplimiento de las ordenanzas vulneradas, a esa silenciosa permisividad ante el descarado abuso cotidiano yo lo puedo llamar de muchas maneras. Y una de ellas es: concesión de privilegios.